martes, 5 de junio de 2012

LII




Sucede que a veces la vida nos oprime.
Caperucita decidió que el asunto no pasaría de esa tarde. Hizo un llamado telefónico corto. Colgó algo temblorosa al finalizar.
Metió las cosas más importantes en su canastita. Se cambió las medias. Se calzó sus botas rojas. Posó su mirada unos instantes sobre la fotografía del aparador. Se estremeció. Avanzó inspirando hondo hacia la puerta.

Sonríe hacia un costado mientras guarda su celular en el bolsillo.
Se mira un rato en el espejo.
Peina con sus dedos  sus grasientos cabellos. Pasa saliva por sus cejas.
Se levanta el cierre del pantalón.
El lobo está.

La abuela soñaba con cachorros de león recién nacidos. Cuatro.
Se movían atáxicos dando sus primeros pasos.
La leona estaba agotada. Había parido hasta desgarrarse.
Se le fue la vida en cada pujo.
PUUUM! PUUUM! PUUUM! PUUUM!
El aroma de la sangre,
abrió sus ojos.